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Libertad, Nuevas Alas, Nuevo Rumbo.

Libertad, Nuevas Alas, Nuevo Rumbo.

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En éste post hablaré de algo muy básico que todos los seres  humanos buscamos y a la vez confundimos. Hablaremos de la libertad. Inicialmente, se darán cuenta de que muchos confunden la idea de qué hacer, decir y exigir cualquier cosa que deseen en cualquier momento  con la libertad. Por supuesto, la libertad es un estado mucho más complejo del ser que va más allá de captar la atención de los demás, o expresar en voz alta opiniones en contra de diversas cosas que suceden o les hace sentir aversión. No se trata de rebelarse contra todo lo que representa la autoridad; ni tampoco requiere que se tomen esa posición de oponerse a todos los que alguna vez pudieron causarles dolor. Esa  es una versión para niños, al igual que la insistencia en comer dulces tanto como deseen, independientemente de cómo esto afecte a su cuerpo o cómo podrían verse afectados cuando crean algo desagradable en otros.

La libertad es el logro de un equilibrio delicado entre la auto-expresión y el auténtico servicio a los demás. Sí, incluye el servicio a los demás, porque esta es la única manera de alcanzar la libertad personal real en el contexto de la vida con gracia en compañía de otros. Es la única manera de lograr la realización personal y, por tanto, la paz mental. Así que, ya ven, estar al servicio de los demás no es una actividad extracurricular. Es la fuente de la cual fluye toda la alta vibración, la fuente de profunda bondad y amor. ¿Qué es el servicio a los demás? Primero vamos a aclarar lo que no lo es. El trabajo que hacen y por el cual se les paga no es servicio a los demás. Sin embargo, la actitud y el tono emocional que ponen en su trabajo, el amor que expresan a través de sus acciones es extra, como las enfermeras que expresan amor y cuidado hacia sus pacientes, además de asistirlos con las píldoras, etcétera. Ser un maestro que está enamorado de su oficio, o de sus estudiantes, o ser el chef que hace con placer y amor su deliciosa comida, todos estos son actos de servicio a los demás  y una expresión del ser interno en libertad, en nuestra verdadera forma de ser auténtica.

Hay un elemento bastante difícil que debemos aclarar aquí. Sonreír y fingir amistad cuando estás enojado por dentro no cuenta como  libertad. Se trata simplemente de un engaño. Sólo el cuidado que viene desde lo más profundo de su corazón feliz es la auténtica sensación. Si está enojado, usted debe aprender a decírselo -a sí mismo y a los demás-, pero eso es otra lección. Mientras tanto, sepan que las sonrisas y las palabras dulces no son equivalentes al amor; tampoco lo son las tranquilizadoras, prolijas y almibaradas explicaciones.

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Libertad

“Solo cuando estoy sola me siento completamente libre. Me reencuentro conmigo misma y eso me resulta agradable y reparador. Es cierto que, por inercia, cuanto menos solo estás, más te cuesta estarlo. No obstante, en una sociedad que te obliga a estar enormemente pendiente del afuera, los espacios de soledad representan la única posibilidad de contactar otra vez con uno mismo. Es un movimiento de contracción necesario para recuperar el equilibrio.

También el gran filósofo del momento, Byung-Chul Han, autor de La sociedad del cansancio (Ed. Herder), abandera la necesidad de recuperar nuestra capacidad contemplativa para compensar nuestra hiperactividad destructora. Según este autor, solo tolerando el aburrimiento y el vacío seremos capaces de desarrollar algo nuevo y de desintoxicarnos de un mundo lleno de estímulos y de sobrecarga informativa.

Catón: “Nos olvidamos de que nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo”.

“Para mí la soledad representa la ocasión de revisar nuestra gestión, de proyectar el futuro y evaluar la calidad de los vínculos que hemos construido. Es un espacio para llevar a cabo una auditoría existencial e indagar qué es esencial para nosotros más allá de las exigencias del entorno social”.

En soledad dejamos ese espacio en blanco para escuchar sin interferencias lo que sentimos y necesitamos. Encontramos la base de nuestra  autoridad interna. “La soledad nos da miedo porque con ella caen todas las máscaras. Estamos viviendo siempre de cara a la galería en busca de reconocimiento, pero raramente nos tomamos tiempo para mirar hacia dentro”, cuando lo hacemos tomamos las riendas de nuestra vida y empezamos a vivir plenamente nuestra libertad, viendo que  necesitamos realmente, que no, viendo nuestro pensar y las creencias que nos limitan y nos son impuestas, en nuestra conexión con nosotros mismos empezamos a tener libertad propia.

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A medida que las nuevas generaciones van dominando nuestra era, las costumbres  en evolución no tratan de irrespetar o ignorar las tradiciones del pasado, sino de darle más importancia a las decisiones que cada quien pueda tomar sobre su vida.  Anteriormente, las exigencias de los padres debían respetarse, así no coincidieran con los deseos de los hijos. Hoy en día, los padres deben guiar a sus hijos y apoyarlos en sus decisiones de vida; el concepto de respeto ha evolucionado a favor de la autonomía. Y ese respeto por la autonomía del otro y por la propia es la base de nuestra libertad.