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Miedo A Vivir.El Miedo Que Nos Estanca.

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Miedo a vivir

 

Miedo a vivir, en éste post describiremos el porque algunas personas tienen miedo a vivir y cómo podemos llegar a ser conscientes de ese miedo que aísla y estanca. Es un miedo que tienen todos los seres humanos que han “sufrido”. Pongo sufrido entre comillas porque al menos más de un 90% de las personas que tienen miedo a vivir son miedos absurdos e infundados.

Vivimos en una sociedad dónde a veces es tan perfecta que crecemos y vivimos sin problema alguno, amparado por la protección de nuestros padres.

Un niño que lo ha tenido to
do, sin ninguna enfermedad, siempre protegido por sus padres, sin problemas económicos… Esa persona cuando se haga adulta y se tenga que enfrentar ante las primeras dificultades de la vida le cogiera miedo a vivir. ¿Por qué el mundo es así?

Con lo fácil que era cuando era pequeño. Así que le despidan del trabajo será un melodrama para él y como no ha aprendido a valorar la felicidad   y su vida terminan cogiendo miedo a vivir.

Hay sin embargo otras consecuencias que desencadenan miedo a vivir, como por ejemplo experiencias traumáticas, fobias o miedos latentes. Una persona antisocial que poco a poco se aísla coge mido a vivir. 

A pesar de que compartir sentimientos tan profundos como tener miedo a vivir no sea algo que se diga a cualquier persona o de manera abierta, este sentimiento es más frecu
ente de lo que pensamos. Por unas razones o por otras, hay personas que pierden la ilusión de vivir, de luchar y de intentar cada día alcanzar sus sueños porque o bien se han rendido o le han cogido miedo a la vida.

Cuando hablamos de miedo a vivir estamos haciendo referencia a esa sensación de no poder dar un paso hacia la vida, de no poder arriesgarse por aquello que desea por miedo a sufrir, de dejarse llevar por la masa en lugar de pensar individualmente por miedo a ser diferente y no encajar.

El miedo a vivir es una limitación tan absoluta que podríamos describirla como esa persona que se sienta tras una ventana a ver pasar la vida, ver el tráfico, los niños corriendo, el cambio del día a la noche, de las estaciones. Esa persona que observa y observa pero que no da ningún paso para inmiscuirse en la vida, para ser una de esas personas que están en movimiento, arriesgándose a vivir, viviendo y sintiendo.


Uno mismo debe preguntarse dónde comenzaron todas estas sensaciones, dónde está el origen de los miedos para poder comprender qué es lo que le ha llevado a la situación actual en la que ha dejado de vivir. Algunos pensarán en una infancia difícil con unos padres demasiado exigentes, otros hablarán de unos padres ausentes y otros demasiado permisivos. También podemos pensar en un primer amor que rasgó la existencia de esa persona, una traición o un duelo difícil. Un hecho traumático que le llevó a tomar la decisión de bajarse de la vida y quedarse en lo superficial. La pérdida de un ser amado y un largo etcétera de posibilidades porque cada uno, cada persona tiene sus vivencias y su forma de incorporarlas a la vida.

 Se necesita ahondar en la mente y no quedarse en la superficie, nadar en los recuerdos para descubrir qué fue lo que ocurrió y que sentimientos lo acompañaron porque desde el momento presente, cuando uno puede quitar todas las capas con las que se ha ido ocultando e intensificando ese hecho, uno puede darse cuenta que ahora puede verlo como algo nimio y pequeño, se pueden conseguir herramientas internas para poder ver ese problema desde otro lugar y afrontar la vida de otra manera, sin miedos y con deseo.

Cuando uno está dispuesto a vivir puede encontrar un amor que le llene, luchar por su vocación, por sí mismo, por su familia, por aquello que siempre soñó pero que creyó que no merecía o que no era lo suficientemente fuerte como para alcanzarlo. Nunca es tarde para comenzar a vivir, para abandonar el miedo y comenzar a ver cada amanecer como una oportunidad de descubrirse a uno mismo y a los demás, para aprender a relacionarse con el mundo de una forma más sana y más libre.

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Pasa unos minutos a pensar en tus mayores deseos. Haz una lista mental o escrita de esos deseos que crees que si se cumplen, al fin, serás feliz.

Medita entonces en esto: ¿no son esos mismos deseos los que hacen que vivas con estrés, con inseguridades y lleno de miedos? No se trata de no tener objetivos, ni de vivir enteramente sin emociones; se trata de ir disfrutando del camino. Tú puedes ser feliz, se cumplan o no esos deseos. Tus miedos centran la atención en esas cosas a las que temes, impidiéndote ver todo lo demás. ¿Si te dijeran que morirás en una semana, podrías pensar en otra cosa ajena a tu próxima muerte?

Cuando te enfrentas a la realidad, todos tus miedos, que son provocados por los apegos, desaparecen. Entonces el mundo con el que te relacionas se mostrará tal como es, y no un mundo creado por tus pensamientos. Tu tienes las llaves que abre las puertas de la limitación...en éste articulo encontrarás más información.

El miedo es lo contrario del amor. El que vive desde el amor no se violenta, no se enfada, no le teme a la mentira. No pierde nunca la felicidad porque sabe que la felicidad está dentro de sí. Aunque las personas amadas vayan o vengan, el amor seguirá iluminándolas. Las nuevas situaciones serán vividas como cosas del presente, no con el temor del pasado o del futuro. En cuidado emocional te acompañemos a afrontar y comenzar una nueva  vida…la que tu elijas desde las ganas de vivir.